Rigor mortis

mayo 5, 2012  |  anotaciones  |   |  Compartir

Duda sobre el rigor mortis. Maldición. Eso me interrumpe la escritura hacia la mitad del capítulo undécimo. Tengo un cadáver en circunstancias determinadas, e ignoro con exactitud lo que en tales circunstancias tarda en enfriarse del todo y ponerse rígido. Se trata sólo de un par de líneas, pero las cosas hay que hacerlas bien. O intentarlo. Y la memoria no me ayuda. La mayor parte de los muertos que toqué en otros tiempos estaban demasiado fríos o demasiado calientes. Y tampoco iba yo mirando el reloj con esas cosas. Cronometrando rigores. Así que echo mano de otro viejo amigo (hay que tenerlos hasta en el infierno, decía mi abuelo): Luis Salas, navegante veterano y como segunda opción médico traumatólogo del hospital de La Arrixaca de Murcia, me cuenta cosas interesantes que anoto con aplicación de alumno. En circunstancias ambientales medias, un cadáver se enfría a razón de uno o dos grados cada hora, y adquiere la rigidez después de siete u ocho horas. Con eso me vale, le digo. Resuelto. Ya puedo escribir mi par de líneas sin que luego un lector que sepa del asunto (siempre hay muchos que saben más de cualquier cosa, escribas de lo que escribas), me señale esas líneas con el dedo. Decidido: mi muerto no estará rígido. Será un cadáver todavía flexible, por decirlo de algún modo. Y tibio.

 



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