Sobre libros, cine y televisión

Entrevista realizada por Rogorn, del foro Capitán Alatriste. 2011 

A mediados   de enero, Arturo habló con nosotros sobre el próximo estreno de ‘La Reina del   Sur’, sobre las adaptaciones de sus otras obras y sobre cine en general.   Parte de la entrevista apareció en la revista ‘Acción’ del mes pasado (número   1103). Gracias a los foreros que contribuyeron con sus preguntas. Y gracias   obviamente a Arturo por dedicarnos su tiempo.

-¿Ha visto algo de ‘La Reina del Sur’?
-No, todavía no he visto nada. He visto algunas secuencias que me han   enseñado y las promos que han hecho. Es una telenovela, y quien espere una   película quedará decepcionado. Es una telenovela clásica, con el estilo, el   tono, el tipo de guión y de rodaje de una telenovela. Muy cuidada, eso sí,   con mucha producción. Han metido mucho dinero en ella, por lo que se ve, pero   es una telenovela y hay que entenderla como tal.

-¿Ha leído todos los guiones?
-Todos no, porque son setenta episodios, que son muchos. Leí los siete   primeros y me parecieron bastante buenos, insisto que para ser telenovela, y   sobre todo tiene una cosa que me interesaba mucho: que respetan bastante bien   el espíritu de mi historia. Ahora, es evidente que al ser setenta episodios,   han tenido que dilatarlos. Han tenido que meter algún personaje y situaciones   más y escenas que no estaban en la novela. Pero debo decir que lo que he   visto hasta ahora de todo ello, a pesar de que los guionistas han aportado   algunas tramas suplementarias para engordar la historia y prolongarla a   setenta episodios, coincide en el espíritu y en el tono de la novela y sus   personajes. Digamos que está la novela entera, con añadidos. No han cambiado,   sino que han añadido, y eso me ha parecido muy bien.

-¿Sale el Pote Gálvez, o se lo han comido también?
-Al contrario, el Pote Gálvez fue mi condición expresa que debía estar, a   diferencia de otro proyecto de película que iban a hacer y que todavía por   ahí está, donde el Pote Gálvez desaparecía, cosa que no me gustaba nada. En   ésta no sólo aparece sino que tiene un papel fundamental junto a Teresa   Mendoza, como lo tiene en la novela. Además, es un actor mexicano que lo hace   muy bien, es muy sinaloense. He quedado muy satisfecho de que hayan   respetado, enriquecido y cuidado a este personaje, que era de mis favoritos.

-Ha dicho que va a ser una telenovela. ¿Va a ser un culebrón, en el sentido   negativo de la palabra?
-El culebrón no tiene mal sentido de la palabra. El culebrón es el culebrón.   Es el teatro griego y latino y el folletín del siglo XIX aplicado a un   público televisivo de hoy en día. Es la transformación de los relatos   populares de la antigüedad y del siglo XIX. En ese sentido puede ser tan   digno como cualquier otra cosa. Se le llama «culebrón» porque es   muy largo, nada más, pero los hay infames y los hay dignos. Las trazas son de   que será un culebrón digno, pero no puedo asegurarlo hasta que lo vea. Sin   embargo, todos los elementos que se dan cita en él hacen pensar que será un   digno culebrón. Pero vamos, desde el momento en que yo acepté que se hiciera,   acepté que sería un culebrón, por una razón fundamental además, y es que ‘La   Reina del Sur’ es una historia que nace en cierto modo en el mundo del   culebrón. Teresa Mendoza es la típica espectadora analfabeta de culebrones   que hay en América Latina. Ella misma es un personaje de culebrón a la que le   pasan cosas. Entonces, hay una justicia literaria en el hecho de que a ella   se le haga una telenovela de este género. Por otra parte, algo para mí   fundamental es que una telenovela es algo que tiene una difusión enorme,   masiva, y llega a capas sociales donde nunca llegan los libros. Gracias a   ella, yo sé que mi historia va a llegar gente que nunca leería ‘La Reina del   Sur’, ni ningún libro, mío o de nadie.

-¿Se extenderá la serie más capítulos y más temporadas si tiene éxito?
-No, termina como termina la novela. Serán setenta capítulos y ya está. No   voy a permitir que continúen con cosas que yo no haya escrito. La historia es   la que yo he contado, y se ha hecho una adaptación narrativa para el medio de   la televisión, pero manteniéndose siempre en los márgenes y en los límites de   lo que yo he escrito. No han ido ni a mejorarla ni a transformarla ni a   manipularla ni a cambiarla.

-¿Y cómo es eso de que se van a emitir 14 capítulos en España y 70 en   Latinoamérica?
-En España, como la cultura, digamos, televisiva del culebrón diario está   menos arraigada que en América, lo que me han dicho que van a hacer, que no   sé si al final será lo que se haga o no, es emitir una versión más comprimida   de la historia, que estará más cerca de la mentalidad del espectador español,   emitiendo un capítulo semanal durante de trece a dieciocho semanas.

-¿Y el proyecto aquel de película que había con Eva Mendes?
-Está paralizada porque el director se echó atrás por preocupaciones de   seguridad, se complicó, y bueno, Hollywood es un lugar muy complicado, y   justamente yo cuando vi que la película iba lenta, al haberme reservado los   derechos de televisión, decidí que esto era más rápido y más concreto, así   que preferí darle la opción inmediata a la gente de Telemundo, que vinieron   muy entusiasmados y con muchas ganas de hacerlo. Por cierto, debo decir que   en las imágenes que he visto, he visto a actores mexicanos haciendo de   mexicanos y a españoles haciendo de españoles, porque esa fue mi condición   también. No quería que esto fuera una pura salsa televisiva hispanoamericana.   Dijeron «de acuerdo», y han cumplido su palabra. Y he visto   fragmentos de un trabajo espléndido, tanto el que hace del Güero Dávila en   México como el que hace de Santiago Fisterra en España, o el policía, o sobre   todo Cristina Urgel, que hace de Patricia O’Farrell, o Kate del Castillo como   Teresa. Cristina Urgel creo que va a ser el gran descubrimiento haciendo de   lesbiana amiga de buena familia de Jerez de Teresa.

-En las páginas web de periódicos mexicanos se leen comentarios de lectores   disgustados con que se haga una teleserie cuya protagonista es una   narcotraficante, porque dicen que los glorifica en un momento muy tenso para   el país ahora.
-Entonces lo que no les gustará será la novela.

-Supongo que les parecerá mal que se haga de ella una serie, porque significa   darle más importancia.
-Yo puedo decir que la novela se sigue vendiendo muy bien en México,   doscientos mil ejemplares, y sigue estando viva en las librerías. No sé si   será bueno o malo, pero a los lectores les interesa, y si les interesa la   novela también les interesará la telenovela, supongo.

-Entonces, ¿no hubo ningún tipo de preocupación durante el rodaje por   reacciones así?
-En absoluto. Normalmente, quien dice eso suele ser que no ha leído la novela,   porque no es un elogio del narcotráfico ni siquiera de su heroína. Estamos   hablando de una mujer de vida difícil a la que la existencia la pone en el   mundo del narcotráfico, pero no se valora eso, sino que se describe el mundo   del narcotráfico como una realidad que está ahí, y en la cual se mueve ella.   No hay aspectos morales discutibles, ni en la novela ni en la telenovela. Es   como si dijéramos que no se hagan películas que transcurran durante una   guerra porque la guerra es algo moralmente condenable, donde hay violencia y   muerte, o una telenovela con violencia contra las mujeres porque es un asunto   desagradable y malo. Es una realidad que en México es así, y esta novela   cuenta una parte de esa realidad. No se trata de elogiar a una narcotraficante,   sino de narrar la vida de una mujer cuya existencia la lleva por el mundo del   narcotráfico. En cualquier caso, han rodado allí sin el menor problema. Ni yo   los he tenido nunca cuando he ido a México, donde he hablado de esta novela   desde que salió, y que todo el mundo me saca a relucir continuamente. El año   pasado estuvimos en la Feria de Guadalajara con Los Tigres del Norte dando   una conferencia, y hasta cantamos allí y todo, y nadie ha hecho la menor   crítica moral. Viene todo de gente que le suena sin haberla leído, pero la   novela es, al contrario, una lección moral en ese sentido.

-¿Algo más que añadir sobre la serie?
-Creo que ya te lo he dicho todo. Terminaron de rodarla hace dos días…

-¿Entera, los 70?
-Toda, entera. Están en la fase de postproducción, y supongo que se estrenará   a finales de febrero.

-¿No sabe la fecha exacta, no?
-No, pero Antena 3 ya la está promocionando.

-¿Por qué no se anima a intervenir un poco más en sus adaptaciones, como   hacen otros autores? Eso podría beneficiarlas mucho.
-Yo, como siempre, hago una cosa muy sana, que es que cuando todo está en   marcha -ya tengo práctica- la experiencia me dice que lo mejor es que una vez   que has colaborado todo lo que has podido y sobre todo has trazado las líneas   rojas de lo que quieres y no quieres que hagan con tu historia, el autor debe   desaparecer, porque molesta e incordia más que ayuda. Después de poner todo   esto en marcha desaparecí y ya no me mezclé en nada. Lo único es que cuando   me han traído algo lo he visto, pero no estoy en contacto con ellos ni   pendiente de ello, y mi vida transcurre por otro sitio. Si sale bien,   aplaudiré, y si no, me quitaré de en medio. Estar pendiente de eso significa   muchas zozobras, muchas desilusiones y desazones que no me apetecen.

-Pasamos a hablar del resto de las series y películas que se han basado en   sus obras. ¿Sabe cuántas se han hecho?
-Alguna vez las cuento para saberlo, pero luego para otra vez se me olvida.   Seguro que lo sabes tú mejor que yo.

-Bueno, porque lo he mirado. Son ocho películas y tres series. Hay guionistas   profesionales que soñarían con un currículum así, ¿no?
-Bueno, nunca lo he buscado, la verdad. Han ido viniendo desde aquella   primera vez en que vinieron Antonio Cardenal y Pedro Olea para ‘El maestro   del esgrima’, y también ha habido muchas otras veces que he dicho que no,   ¿eh? Muchísimas. Pero cuando al menos sobre el papel es un proyecto serio,   solvente, bien preparado y estructurado, como cuando vino Roman Polanski para   ‘El club Dumas’, digo que sí. Luego el resultado ya depende de los directores   y de muchos factores. Por ejemplo, para ‘El pintor de batallas’, me han   venido tanto en teatro como en cine, y he dicho que no a todas, porque me   parece una novela muy compleja y para mí muy querida, y no me apetecía que le   metieran mano. También me han pedido ‘Alatriste’ para televisión muchas   veces, y he dicho que de momento serie de televisión nada. Pero no lo busco;   yo soy un escritor, escribo mis novelas, me vienen, y atiendo a la gente que   viene. El cine hecho de mis historias para mí es un aspecto secundario de mi   trabajo. Podría vivir sin él perfectamente y no le doy más importancia de la   que tiene. Está bien, es halagador, y como he dicho antes, así llegan mis   historias a gente a quien de otra forma igual no le llegarían los libros,   pero es un apéndice, una parte tangencial de mi trabajo. No me quita el   sueño, vamos.

-Lo de ‘Alatriste’ en serie de televisión lo había mencionado en Twitter.   ¿Hay algo ahí o no?
-Bueno, lo de ‘Alatriste’ en serie siempre está ahí, ¿no? Es algo que me   piden con frecuencia, pero si no sale una cosa muy seria, nada. Y de momento   no se está haciendo nada.

-La pregunta típica sería qué películas son sus favoritas y cuáles son las   que menos le gustan de las que le han hecho.
-La favorita hay una que lo es, que casualmente es la primera, ‘El maestro de   esgrima’, a la que tengo especial cariño por muchas razones. Creo que respeta   muy bien la historia, está muy bien hecha y Olea lo hizo estupendamente, con   gran sensibilidad. Cuando hablo de cine satisfactorio es en la que siempre   pienso primero, aunque haya algunas más. Y en cuanto a peor, sin duda ‘La   tabla de Flandes’. Infame, absolutamente grotesca, aunque Kate Beckinsale,   que ahí se estrenaba como protagonista, se salva, porque estaba estupendísima   haciendo de Julia. Pero fuera de ella, lo demás no me gustó nada. En cuanto a   series, me gusta mucho ‘Camino de Santiago’, que no era novela, sino un texto   mío directo para televisión con el que quedé muy contento. Estaba Anthony   Quinn, Charlton Heston, Anne Archer, el que fue marido de Natalie Wood,   Robert Wagner… Hace poco la volví a ver, que me mandaron el deuvedé, y está   muy bien, muy entretenida y muy clásica de televisión. Lo pasé muy bien con   ella, mientras que la que hicieron con ‘La piel del tambor’, que se llamaba   ‘Quart, el hombre de Roma’, aunque estaba fenomenal Roberto Enríquez, que es   un actor magnífico, era infumable. Hay de todo, y por eso es mejor no   implicarse.

-Hay mucha gente que igual no sabe que tiene usted un premio Goya, por el   guión adaptado de ‘El maestro de esgrima’.
-Es verdad. Lo que pasa es que no lo digo, pero sí lo tengo, sí, como   coguionista. Fue una satisfacción enorme, claro. Es la única vez que he   trabajado en serio, de verdad de verdad, en un guión. ‘Gitano’ fue otra cosa.

-Por ‘Gitano’ tiene otra nominación, a canción original.
-Sí, bueno, la canción es muy bonita, y la única que he hecho en mi vida. Me   gusta mucho, estoy muy contento con ella, y además me hace mucha gracia,   porque cada año la SGAE me paga puntualmente derechos de autor por ella, como   un compositor profesional, por las veces que se haya emitido en televisión o   radio, y es un recordatorio de esa historia. La película fue maltratada   injustamente por la crítica, porque Joaquín Cortés estaba muy bien, pero hubo   otros factores, como que Laetitia Casta estaba fatal. Sobre todo, estaba   fatalmente doblada, y eso fue un error de producción que repercutió mucho en   el resultado. Cuando la oías hablar con ese acento andaluz no te la podías   creer. Y luego, hubo un rollo de las revistas del corazón con Joaquín y   Laetitia. Fueron a masacrarlos a los dos, y antes de que la película se   estrenara ya la estaban poniendo a parir. Cuando la ves después de un tiempo,   te das cuenta de que la película tenía muchas virtudes, y Joaquín está   sorprendentemente bien. Hubiera merecido mejor crítica de la que tuvo.

-¿La estatuilla del Goya dónde la tiene puesta?
-No la tengo puesta. Se la regalé a un amigo.

-Sus libros salen habitualmente con Alfaguara, sus películas las produce   Antonio Cardenal…
-No todas, pero la mayoría sí. Es amigo mío, justamente desde ‘El maestro de   esgrima’, y es como el tío soltero de la familia. Cenamos juntos todos los   viernes, y de hecho lo utilicé como modelo para el primo Toño de ‘El asedio’.   Es como mi hermano, y cuando hay cine, lo pongo en sus manos y me   desentiendo.

-…y sus series también salen siempre con la misma cadena, Antena 3.
-Eso es pura casualidad. No hay ningún tipo de vinculación especial con   Antena 3. Hubo intentos de hacer algo mío en Televisión Española y Tele5,   pero al final no llegaron a hacerlas.

-Los guionistas a menudo le cambian los finales de las historias. ¿Cómo lleva   eso?
-Insisto en que el cine es el cine, y yo no me meto. ‘La novena puerta’, que   es una película entretenida -Johnny Depp está estupendo, otros no están tan   bien-, tenía un guión muy sólido, hecho por Enrique Urbizu, y justamente lo   que no le gustó a la gente, ni a mí, fue el final, porque Polanski lo cambió   para adaptarlo más a su mujer, Emmanuelle Seigner, y porque lo quería   diabólico y tal, y para mi gusto lo estropeó. Pero vamos, que si Polanski   quiere cambiarlo que lo haga. Al fin y al cabo, es su película. Yo se lo   dije, además. Él me dijo: «Oye, quisiera eliminar todo lo de la parte de   Dumas y quedarme con lo del diablo» y tal, y yo le dije: «Es tu   película. No es mi novela, es tu película. La gente va a ver tu película, no   mi novela, con lo cual no me voy a hacer responsable de ella. Haz lo que   creas conveniente». Lo mismo le dije a Tano [Díaz Yanes]: es el   ‘Alatriste’ de Díaz Yanes, no de Pérez-Reverte. El mío está en mis novelas.   Yo siempre mantengo esa distancia saludable con los directores y los   guionistas. Yo les permito hacer un trabajo, lo hacen, y les doy la confianza   para que hagan lo que crean conveniente. Después, si me gusta, aplaudo, y si   no me gusta, me callo, ayudo en lo que pueda, o intento no perjudicar la   película.

-¿Y en ‘La carta esférica’? ¿Cree que era tan necesario cambiar el final?
-Sin destripar el final para posibles lectores, diré que me pidió permiso el   director, Imanol Uribe. Pero tenía razón, realmente. No es un mal final.   Además, tenía razón en una cosa: como quien ya ha leído la novela sabe el   final, así se sorprende al lector. Es una pirueta, digamos, para sorprender a   quien ya conoce la historia. Me pareció buena idea. Es un final simpático y   bien llevado. Es más blando que el mío, evidentemente, pero era la película   de Imanol. Es la visión que un lector llamado Imanol Uribe tiene y transmite   al espectador. Quien quiera leer ‘La carta esférica’ de verdad que se lea la   novela, claro, que sigue ahí intacta.

-Pero es que es precisamente eso lo que enfada a los lectores, que te cambien   los finales y cosas así.
-¿Pero por qué se van a enfadar? El cine es el cine. Eso es muy ingenuo.   Desde que el cine es cine han cambiado los finales, y los principios, y los   personajes. Hay novelas estupendas que nada tienen que ver con lo que han   hecho en la pantalla, como ‘El sueño eterno’. Lo que pasa en que en el cine   eso no se ve hasta que está ya hecho, y hasta que no ves el resultado final   no sabes cómo va a quedar, e igual te sorprende para bien que para mal. Hay   magníficas historias, muy bien trazadas y guionizadas, y después la película   no funciona, y hay guiones o historias flojos que después en la pantalla   quedan como obras maestras. Ése es el problema. Me dicen: «¿Y por qué   deja usted…?» Es que hasta que no veo la película hecha, no sé cuál es   el resultado. Es un riesgo que corres o no corres. Yo lo corro con algunas, y   con otras no los he querido correr. Con ‘El pintor de batallas’ no lo he   hecho, y con ‘Alatriste’ tardé mucho en hacerlo. Si como autor cobras,   permites y autorizas, ellos tienen la libertad de hacer eso. ¿Que se podía   mantener la novela intacta? Bueno, es que nadie obliga al lector a ir al   cine. El espectador debe saber a qué va. Debe saber que el cine es una visión   limitada, vista por un lector que se llama Roman Polanski, Imanol Uribe, Jim   McBride o Agustín Díaz Yanes, que a veces no coincide con la obra original o   la lectura de otro lector. Una película enriquece, da una versión distinta,   es divertida, plantea nuevos enfoques u horizontes, pero lo que no hay que   perder de vista es que el libro siempre es el libro.

-¿Qué importancia ha tenido el cine para usted, como niño, joven, adulto,   reportero y escritor?
-Yo la televisión la conocí con doce años. Lo que vi fue mucho cine de   pequeño: de guerra, del oeste, de aventuras, románticas, todo el melodrama   americano tuvo una gran influencia visual en mi vida, naturalmente. Añádele   el hecho de que era lector precoz, y resultaba que muchas de esas películas   importantes que veía las leía también: ‘Ben-hur’, o ‘Beau Geste’, o ‘Un   capitán de quince años’, o ‘De la Tierra a la luna’. Tenía esa doble entrada   de información: la visual de la película, y la literaria. Así, tenía   historias muy sólidamente amarradas que me crearon un tejido, una trama   narrativa y visual que condicionó mi vida como periodista y luego escritor.   Le estaba poniendo rostro a ‘Las cuatro plumas’, y a Mesala, y en un niño con   imaginación eso produce unos efectos muy interesantes e intensos. Ese cine y   esa literatura marcaron mi vida de una forma muy profunda. Cualquier lector y   espectador atento detecta en mis libros, en mis artículos y en mi   conversación ecos continuos de todo aquello.

-¿Cuando escribe se imagina la escena desde dentro o proyectada en una   pantalla, digamos?
-No, no, yo cuando escribo no veo pantallas. La palabra «cine» está   absolutamente ausente de mi trabajo. Yo trabajo todos los días ocho horas,   día tras día durante un año o dos para cada novela, y para mí es una   inmersión en un mundo narrativo visual mío, pero mío de mi cabeza. Me muevo   con mis personajes, los veo, los oigo, los siento, los huelo, pero las palabras   «pantalla, imagen, proyección, película» están completamente fuera   de mi territorio. Es más, si lo hiciera supongo que se estropearía la   historia, porque son dos códigos, lenguajes y planteamientos distintos. Sería   muy peligroso hacer una novela pensando en su posibilidad de llevarla al   cine. Iría en contra de todo lo que he dicho antes. El cine es un apéndice,   una cosa que está ahí, secundaria, de la que podría prescindir perfectamente,   y a veces prescindo perfectamente, pero no tiene nada que ver. Cuando yo   trabajo en una novela, estoy metido en la novela, en la historia narrativa   literaria. Solamente ha habido una vez en la vida que pensé una historia para   hacerla en el cine. Un amigo me la pidió, y la hice, pero aún así, mientras   la escribía me olvidé que era para el cine. La veía, como hago siempre, como   una historia que estoy escribiendo. Lo otro es hacer guiones de cine, y ése   no es mi trabajo, y además los haría muy mal.

-¿Alguna vez imagina rostros de actores en el papel de sus personajes?
-No, no. Hombre, un «no» radical quizá no sea cierto. Hay veces que   no puedes evitar un personaje, un movimiento, un gesto… Quien ha visto   tanto cine como yo toda la vida desde niño, pues quieras que no, te han   quedado imágenes y rostros. Pero por lo general no. Lo que hago para darle   más credibilidad a mis personajes es darles rostros de personas reales a las   que conozco directamente: amigos, gente con la que me relaciono, mujeres,   porque así me es mucho más fácil observarlas para extraer de ellas los elementos   que necesito para describirlas con más justeza y eficacia.

-¿Cuáles son los actores que más se han parecido a tus personajes?
-Viggo Mortensen es bastante Alatriste, pero es que fue él quien se adaptó a   Alatriste. Hizo un mimetismo con el personaje, y por eso se parecen bastante.   Pero se parece Viggo a Alatriste, no al revés. Él procuró parecerse, y eso me   gustó mucho. Y más así… Carmelo Gómez no hizo un mal Manuel Coy. No es él,   pero podría haber sido él.

-¿Omero Antonutti?
-No, no era físicamente el maestro de esgrima para nada, pero lo hizo muy   bien, no estoy quejoso en absoluto. Iba a hacerlo Giancarlo Giannini, pero   por razones de fechas no pudo ser. Ése sí que era físicamente Astarloa, el   maestro de esgrima.

-He leído por ahí que se quería a Sean Connery. ¿Es verdad?
-No, hubo un proyecto para un remake rodado en inglés, pero al final no pudo   hacerse porque estaba ya muy mayor.

-¿Y los personajes femeninos? ¿Hay alguno que se haya parecido? Lo primero   que hacen es cambiarle el pelo a todas sus rubias.
-Desde luego, en ‘Alatriste’ no se parece ni uno solo, y fue una de las cosas   que no me gustaron de ella. Ni la niña, ni la mayor, ni nada. Kate Beckinsale   en ‘La tabla de Flandes’ sí se parece mucho a Julia, la restauradora.   Emmanuelle Seigner no tenía nada que ver con la Irene Adler de ‘El club   Dumas’, aunque Johnny Depp sí era un Corso bastante aceptable. Jorge   Perugorría sí que físicamente era bastante el camionero Manolo de ‘Un asunto   de honor’. Sancho Gracia estuvo genial como el portugués Almeida. Los tres   malvados eran lo mejor de ‘Cachito’, como se llamó en el cine, y esos sí que   están más o menos como yo los imaginaba. En la serie ‘Camino de Santiago’   casi todos casaban muy bien con mi idea, porque como era un guión para serie   de televisón algunos de los personajes ya los hice pensando en los actores   que iban a interpretarlos, pero ese fue un caso excepcional. Y en ‘Territorio   comanche’ es evidente que Carmelo Gómez no es físicamente Márquez, pero es   extraordinario. Al final terminas creyendo que Márquez es él. Es de las   mejores interpretaciones de personajes míos, aparte de Viggo y Omero, que   están muy bien. El cámara de televisión que hizo te lo crees completamente, y   todos los compañeros se lo creyeron. Carmelo Gómez tiene una mención especial   en mi olimpo de actores, aunque no tiene nada que ver físicamente con   Márquez, que es bajito, rubio y de ojos azules, pero estaba soberbio en esa   película.

-Cuando toca hacer promoción de alguna película o serie, ¿dice lo que opina o   ha de cortarse un poco alguna vez?
-Si me gusta lo digo, y si no me gusta soy prudente. Ahí nunca eres sincero   del todo, digamos, porque una película es algo muy complicado. Nunca miento,   pero como ya he dicho, si me gusta aplaudo, y si no, soy prudente. Sería la   mejor definición. Primero, porque yo puedo estar equivocado. Y en segundo   lugar, una película es algo en lo que hay gente que ha puesto mucho dinero,   mucho trabajo, mucha ilusión, y hay mucha gente implicada, muchos actores,   maquilladores, atrezzistas, figurinistas, directores de arte, productores,   etcétera, que han hecho un esfuerzo en torno a una historia que era mía.   Entonces, en agradecimiento a ese esfuerzo y respeto a ese trabajo, lo mínimo   es prudencia. En casos como los de ‘La tabla de Flandes’ o ‘Quart’ no hago   elogios, pero mantengo la prudencia. A veces no me ha gustado toda la   película, pero procuro hablar de la parte que sí me ha gustado, como en   ‘Alatriste’ o ‘Territorio comanche’.

-¿Hay algún guión que te habría gustado haber escrito?
-No, eso no es cosa mía. Cada uno debe hacer aquello para lo que sirve. Hay   guionistas estupendos que hacen un gran trabajo. El de ‘El maestro de   esgrima’ lo hice a medias con Antonio Larreta, y esa experiencia, muy   curiosa, fue suficiente. Lo más frecuente, como ocurrió con ‘La reina del   sur’ o ‘Alatriste’, es que me llamen con algún problema de alguna escena que   no encaja, o qué podría decir Teresa, o qué diría Alatriste en este caso… Y   entonces, como yo conozco mejor que nadie al personaje, digo: «Pues   diría esto, o lo otro». Ese tipo de valoración sí la hago más. Hay un   caso concreto, en ‘Alatriste’, en la batalla de Rocroi, al final. Tano me   preguntó: «¿Qué diría Alatriste cuando vienen los franceses a pedirle   una tregua?» Pues «gracias por sus palabras, pero esto es un tercio   español». Eso se lo dije yo, y es mi única aportación al guión en sí. Es   una escena, por cierto, que me gusta mucho y me conmueve mucho cuando la veo.

-En ‘El maestro de esgrima’ aparecen cuatro guionistas en los créditos.
-Bueno, sin entrar en tantos detalles, lo escribimos entre Antonio Larreta y   yo.

-‘El maestro de esgrima’ está considerada, no sólo por usted, como la mejor   película hecha sobre una obra suya, y fue la primera, o sea que ninguna la ha   mejorado después. ¿Eso es preocupante?
-Hombre, vamos a ver, ‘Alatriste’ es más película que ‘El maestro de   esgrima’, sin duda, y ‘La carta esférica’. La fotografía de Javier   Aguirresarobe es extraordinaria, bellísima. Lo que pasa es que como   satisfacción personal de historia que sale redonda, con esos secundarios como   Alberto Closas y José Luis López Vázquez, y Assumpta Serna, que está   estupenda en la escena final, y en todas, tiene una serie de factores que   hacen que sea satisfactoria en muchos aspectos: actores, guión, resultado,   narración, montaje, música, todo. El conjunto es más satisfactorio, aunque ha   habido grandes detalles en otras películas, como el rodaje en Sarajevo en   ‘Territorio comanche’, mostrando una guerra rodada en una ciudad aún en   guerra, con decorado natural. Brillantísimo. O la producción tan   impresionante de ‘Alatriste’. Es esa extraña aritmética que tienen las   películas hasta que están terminadas la que hace que ‘El maestro de esgrima’   sea la que mejor sabor de boca me dejó a mí, y a mucha gente. Además, que fue   un rodaje muy divertido.

-‘Cachito’ empezó en parte como relato corto por entregas en ‘El País’.   ¿Publicaría algo más de esa forma?
-Pues nunca se sabe. Quizá, no sé. Si tuviera ganas y tiempo y ocasión. Era   otro momento de mi vida. Venía de un reportaje sobre la guerra, y tenía unos   meses tranquilos en Madrid, y podía hacer esas cosas. Ahora no lo sé. Fue una   experiencia divertida, como ‘La sombra del águila’.

-Con ‘Territorio comanche’ se convirtió usted en personaje de cine. ¿Se   reconoce en él?
-No.

-¿Nada de nada?
-Hombre, sí, lleva gafas, y está en los hoteles que estaba yo, y es compañero   de Márquez. Pero no se mueve como yo. Digamos que no me reconozco mucho. A   Imanol Arias lo veía nervioso, y yo siempre se lo decía: «Se supone que   llevas en la guerra muchos años». Se sobresaltaba con los tiros, y hacía   gestos así, y tal. Lo acusaba mucho. Si yo hubiera sido así de nervioso en la   guerra, me habrían matado. Entonces, digamos que en ese sentido no me sentía   muy representado, ¿no? En lo físico, llevaba las gafas como yo, y procuraba   adaptarse, porque al fin y al cabo estaba haciendo de mí, pero yo no era tan   nervioso, era mucho más tranquilo. Uno lo ve en la pantalla moverse y dice: «Este   chico lleva poco tiempo en la guerra». Y yo llevaba ya veinte años.

-En ‘Camino de Santiago’ aparece su nombre como «idea de», y luego   otros guionistas.
-Yo no hice el guión, hice la historia. Yo escribí la historia base, los   personajes, la trama policiaca, el juego de la oca, lugares geográficos, fui   al Camino de Santiago, dividí la historia por episodios, dónde cortaba uno y   empezaba el siguiente, y cuando ya estaba todo eso en bloques trazados,   estructurados y escritos, vinieron guionistas profesionales, bastante   brillantes por cierto, y la transformaron en guión televisivo. Pero ahí ya no   participé yo.

-¿Habrá alguna adaptación de ‘El club Dumas’ que respete un poco más las dos   partes de la novela?
-No lo sé. Es difícil. No sabría decir. No lo tengo previsto, desde luego.

-¿Tiene previsto escribir algún guión original más para cine?
-No de momento. Bastante tengo con mis novelas.

-¿Considera los guiones de ‘Camino de Santiago’ y ‘Gitano’ parte de su   producción literaria?
-No, es diferente. No los considero parte de mi producción literaria, no. Los   pongo en el grupo del cine: trabajos que he hecho, divertidos, interesantes,   bien pagados, pero están fuera de lo que es mi ámbito habitual. Son   excepciones, digamos. En mi currículum como autor eso figuraría como nota a   pie de página.

-¿De no haber sido guiones podrían haber sido novelas?
-Sí. De hecho, ‘Camino de Santiago’ era una novela que tenía previsto   escribir, basada en el juego de la oca como clave de una serie de asesinatos   en el Camino de Santiago. Vino un productor gallego a pedirme una historia   que tuviera que ver con el Camino, y le dije que solamente tenía una, para   una novela. Se la conté, y me dijo que le gustaba y la quería como historia   para la tele. Al principio me resistí, porque no quería fastidiar la novela,   que iba a tener otro título que tenía que ver con lo esotérico. Pero una vez   hecha en televisión, ya no tenía sentido escribirla. Ya la había vivido a   través de la serie, y una vez que una historia está hecha, está muerta para   el autor.

-‘La tabla de Flandes’ fue una decepción, ‘La novena puerta’ cambió muchas   cosas y para ‘Alatriste’ hubo un intento de guión hecho por estadounidenses   que era horrible. ¿Cree que el mundo anglosajón de alguna manera no entiende   bien sus historias?
-No lo sé. A todos les pasará que habrá guionistas más sutiles y más   groseros. Pero hay una cosa que es cierta en mis novelas: yo soy un autor   europeo, formado en una cultura europea, aunque tengo una cultura visual y   novelística norteamericana de la que uso técnicas narrativas y visuales a   veces. Pero hasta mis novelas de más acción tienen un componente cultural   europeo intenso, mediterráneo. También se iba a hacer una película en Estados   Unidos sobre ‘La piel del tambor’, pero al final no se hizo, aunque sí se   escribió el guión y me lo pasaron. Esta novela es una historia muy europea de   iglesias, religión, consuelo, siglos de tradición, vieja Europa, el   Mediterráneo, la latinidad medieval, el Renacimiento, y todo ese cogollo   cultural pasó por unos guionistas americanos que acabaron haciendo una   película de acción donde Tom Cruise iba a hacer del padre Quart. Iba a ser   persecuciones, hostias, golpes, aviones incendiados, caídas, peripecias,   asesinatos, y toda la densidad que espero que tengan mis novelas, y que el   lector puede buscar y reconocer en ellas, desaparecía. También ese otro guión   para ‘Alatriste’, u otro para ‘La reina del sur’, quedaban despojados de esa   europeidad de la que yo estoy razonablemente orgulloso y que espero que se   note en mis novelas. Y supongo que eso hace que las películas queden más   ligeras, que es lo que pasó con la película de Polanski también, aunque él es   europeo. Creo que esa americanización perjudico a la historia de ‘El club   Dumas’.

-¿Va mucho al cine, a salas de cine?
-No, no voy mucho. Ten en cuenta que yo veo dos películas diarias en mi casa,   desde hace ya muchísimos años, una por la tarde y otra por la noche. No veo   televisión, y los telediarios una vez cada cuatro o cinco días. Compro mucho   cine en deuvedé, y tengo una buena colección en casa. No voy mucho al cine,   una vez al mes quizá. La última que fui a ver fue ‘El americano’, debe hacer   ya como dos meses. Me gustó bastante, a pesar de algunos fallos y cosas poco   creíbles. Es bastante decente y visualmente muy bonita.

-‘El pequeño hoplita’ quedaría muy bien como cortometraje animado.
-(Se ríe) Nadie me lo ha dicho todavía. Si me lo dicen, ya te lo contaré. Es   la primera noticia que tengo. Quizá quedase bien, sí, dependiendo del talento   y el dinero de quien lo haga.

-¿Qué le pareció la BSO de Roque Baños para ‘Alatriste’?
-Muy buena, magnífica, me gustó mucho. La tengo en cedé y de vez en cuando la   pongo. Me pareció brillante.

-¿Escribiría algo de ciencia ficción?
-No. Pero no por desprecio, sino porque soy muy poco lector de ese género. Yo   siempre he leído más de aventuras y viajes. De ciencia ficción leí me parece   ‘Dune’ y ‘1984’ y alguna más así suelta. Pero no lo domino ni me siento   capacitado. Aunque nunca se sabe, ¿no? Pero no tengo nada previsto de ciencia   ficción. A mis años hay que elegir, y no se puede estar en misa y repicando.   Al elegir, elegí otras cosas.

-¿Ha visto ‘Águila Roja’?
-Un episodio casi completo.

-¿Y qué le pareció?
-Entretenido, parece. Pero no es la idea que yo tendría para una serie sobre   ‘Alatriste’.

-¿Hay planes para adaptar alguna de sus obras de época napoleónica?
-Siempre hay, pero es que planes hay muchos. La vida de un escritor está   llena de planes y propuestas, pero hasta que esa propuesta se materializa pueden   pasar años. ‘Alatriste’ tardó ocho años. Propuestas hay varias, pero ninguna   de la que pueda hablar ahora mismo con seriedad.

-¿Le gustaría que le dirigiera una película Clint Eastwood?
-Antes he hablado de la europeidad de mis historias, y Clint Eastwood es un   autor absoluta y rotunda y eficacísimamente americano. Entonces, dudo que una   de mis novelas le interesase. Pero sería muy divertido ver un Alatriste a   través de los ojos de Clint Eastwood.

-¿Aceptaría entonces adaptaciones hollywoodienses, con todos sus medios y   dinero, y en inglés?
-Si es solvente, seria y rigurosa, siempre estoy dispuesto a aceptarla. No   tengo nada contra las productoras americanas.

 


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